Salvamos el reino: Matamos a miles para que el resto pudiera medrar. Sobraban razones. Sobraban cabezas, faltaban cojones, se enfriaba el metal. Ahora, conformes. Ahora, curados: ni rojos, ni vagos, extinto el tumor. Las águilas cantan. Las águilas mandan. Sus plumas de piedra irradian ardor guerrero, que funde los plomos al mismo sol. ¡Arriba, nación suprema, y cierra tus filas con el Señor! Desiertos los sueños, despiertan las fieras, famélicas: querrán café. Cazadas las fieras, saciada el hambre que traen: canina es. Perdieron la guerra. Murieron a miles para que nadie pudiera reinar. Sobraban promesas. Sobraban penurias, faltaban pertrechos, hervía el metal. Entonces, inermes. Entonces, inertes, en celdas y fosas; insomnes, también. Los buitres festejan. Los buitres no cejan en sus correrías. No hay mal que por bien no vendan sacando la cabra a desfilar. Hacer desmemoria con cuentos, meterse la historia en un manual. Desiertos los sueños, despiertan las fieras feroces: querrán amor, amor que no juzgue, ni quiebre pescuezos por la bondad del rey felón. ¡Abajo el reino!