El cadáver descansará en su hogar por última vez, cantos y plegarias serán dirigidas al alma. En las frías montañas del monasterio, descienden aves necrófagas que se alimentan del dolor. El sacerdote degollará al difunto, el filo se refleja en los ojos de los dolientes. Reyes carroñeros esperan con ansias, lo que contenía sueños y sentimientos. El cuchillo ha caído al suelo, buitres corren violentamente hacia el cadáver, picotazos y gritos son la orquesta del lugar, plumas y sangre bailan la pieza del momento. Pedazos de carne se elevan al cielo, solo queda un esqueleto triturado, se mezclará con harina al desdichado. Los carroñeros se pierden con la luz del sol, los familiares se marchan con dolor, el funeral ha terminado. Lo que en realidad es un suelo duro y rocoso como la vida, es moldeado a una metamorfosis del alma. Humano de mierda y su necesidad de creer en algo superior, prefiere cegarse para suavizar las penas y el miedo a morir.