El trompetista realizó el llamado, es hora de iluminar la habitación, prepararé herramientas de acero y poción para lágrimas. El féretro que contiene lo que una vez fue humano, se alza por los aires para cruzar las puertas de un deprimente lugar. Cortaré la bolsa para ver esa vista perdida, conoceré esa triste y pálida cara azul, nuestro contacto íntimo me abre paso a tus entrañas. Infiltrando veneno por las venas, la palidez disminuye como los sentimientos, los tejidos enduran como el paso del tiempo, medito en tantas cosas al ver tu transformación. Cubriré tu desnudez con seda blanca, cepillaré tu cabello marchito, acicalaré con polvos tu fisionomía. Cerraré tus ojos, para ocultar eternamente los horrores que viste en vida. Pintare tus labios para preparar tu último beso, esa caricia que se llama muerte. Cerrare la tapa del ataúd, el invitado especial de la ceremonia está listo, se regocijara entre flores y velas, lagrimas sobre el cristal adornaran su frente. El adiós será sincero, antes del primer puñado de tierra.