El miedo macabro congela
sus cristianas y débiles almas.
La opresión de la siniestra presencia
se apodera del aire que respiran.
Bajo el amparo de la oscura noche acechamos,
la niebla oculta nuestros rostros
y todo lo maldice.
Las sombras se arrastran
hacia el círculo satánico
esperando el ritual del negro metal
para que las almas malditas se reúnan
y hagan de esta noche un infierno
y su realidad una pesadilla.
¡Ave Satanás!
La sangre ahora es otorgada,
yace la lujuria en el altar de Satán,
nuestra maldad procede del pecado
y gloriosos proclamamos tu legado.