¡Huldra! Reina de raíces y engaño, tu abrazo es un pozo sin fin. Bajo tu piel florece el pecado, tu beso — veneno carmín. Hombre mortal, escucha el viento, te nombra, te invita, te hiere. Detrás de su espalda hueca, la podredumbre florece y muere. Ella baila sobre huesos, entre cuervos y musgo gris, sus lágrimas riegan la tierra, su amor — condena sin fin. En el fuego del deseo arde tu última oración, su nombre resuena eterno: ¡Huldra! — maldita creación.