Habitaban. Vivían. Convencidos, un sacrificio vería la luz. La luz del día. Como un rayo, así como un reflejo del sol, baja el merecedor. Bajó. Pero no para tomar el sacrificio, pues el fuego de los hombres tomó. El fuego de los hombres ya no quemó. Vida primitiva, tosca y ruda. Fuera de esperanza. Lejos de la ayuda. La originada causa interpuso su decisión. Cruzó roca, hierba, para abastecerse de las llamas que alumbraban la fragua... La fragua del merecedor. En un haz de cañas, con prisa, con determinación. No logró alcanzar su cometido ya que encadenado quedó... En el Cáucaso, castigado por el señor. Obra del merecedor. Picoteando entrañas, un águila nutría su vida a partir de la diaria ración de hígado que se le otorgaba. Volvía a crecer durante la noche. Para que al otro día esta ave consumiera. Así como consumida... La vida. Del que abrió el camino al sacrificio. Y acabó encadenado, decisión interrumpida.