Una osadía enfrentarse al coloso. Cien ojos, cincuenta filosas miradas. Guardián de hecatombes... Traedor de calamidades. Hera encargó; toma la blanca ternera de la mano del poder, mi adepto. Y Argos jactándose de la efectividad la ató al olivo. Oh, errática monstruosidad. Ella quería visualizar la caída de un nuevo orden... La ternera ya no era más. Ella, una ninfa. Pero la noticia alcanzó al poder... Una liberación que traería descanso mortal se avecinaba... Disfrazado de aquel que pastorea, densos discursos sellaron la múltiple vista del hórrido. La victoria, capaz obediencia, aniquiló.