Roído en un desierto Y cubierto en la oscuridad De los pérfidos granos De mi destino sepulcral: He abrazado mi hedor A muerte y desesperación, Visto mi destrucción Con enferma obsesión. He profanado mi tumba, Yacida en las penumbras De la mortalidad de mi humanidad. He callado la vida Con sangre y agonía; Vomitado la dicha y su inercia bendita. He lamido el maculado seno Y trapicado en su blanco veneno. He rechazado la luz infecta Con la sapiencia de lenguas inversas.