De un cuerpo yacido putrefacto cubierto de tierra y vegetación, florecio una flor y al tiempo un bosque emergio de una tierra buena por los gusanos y larvas. Y al soplo del viento primaveral han llegado visitantes sedientos de hambre. Devorando un festín de flores, ni la flor más hermoza resistirá. Devastación, ni un tallo quedo, solo huevos dispersos a la merced de larvas refugiadas. Bajo los huesos lo han observado el genocidio de sus padres.