Que esta tormenta, se esconda entre sus montañas Que no resistan la sequía de su traición Que no caiga ni una puta gota, que se sequen En sus trincheras temblando de frio Miedo en sus ojos deformados por la salvación De sus tierras agrietadas por la codicia Sedientos de oro y en los huesos sus hijos están. Sus hijos están en los huesos Se sienten solos, caminan juntos y mueren por dentro en su cruz. Bebiendo el caos Comiendo el pan de sus uñas Viviendo sentados sobre sus cabezas