Encadenado al borde del abismo
Yace quien una vez el fuego del olimpo hurtó
Desgarrado y devorado por la bestia alada
Padece Prometeo, el exilio de su compasión miserable.
Fuego divino e inmortal
Forjado en sangre y acero
Incandescente luz en las tinieblas
Entregado a efímeras manos
Fuego que redime y traiciona
En un imperio evanescente.
Inútilmente se lamenta
Su bondad tiene el precio del dolor.
Fría justicia, Terrible fatum.
Encadenado a una enorme roca
Que encierra sus vanas súplicas.
¿Qué ha hecho Prometeo?
¿Entregar con torpe esperanza
La llama del olimpo?
¿Sin recibir una mirada compasiva?
Cuando el fuego se apague
Y sin piedad alguna
Brote del sombrío Caos
El manto de Erebo.
Se escuchará por doquier
El profundo eco de la Muerte.
Prometeo…
Encadenado vivirá por siempre
Aunque la bestia devore sus entrañas
En el borde del abismo.
Vidente desgarrado por el olvido de su raza prometeica
De la que una vez fue dios
Y que ahora la llama a extinto.