Inerte, en la oscuridad de este antiguo ataúd, descansa mi cuerpo podrido. Inquieta, en un abismo infinito, vaga mi mente sin rumbo lamentando haber pisado este mundo. Estoy cansado, entregado a la infelicidad, a la soledad, al más puro deseo de extinción. Quiero yacer para siempre en la oscuridad… (…Mi sangre negra se derrama sobre la tierra y envenena con odio esta inútil existencia.) Soy el polvo que recubre esta vieja lápida, el viento que se lleva las últimas cenizas de la vida.