Subito descenso a la morada de los dioses Cuerpos yertos incrustados en sombras Hieren la carne se cubren de sangre Y usan sus cuerpos como escusas Absortos e ilusos decaen en vagas proclamas Perdon lenidad, suprema fortaleza del debil Hieren la carne se cubren de sangre Quien habla del maestro El hombre sangra en los escarpados altares En conmisceracion a los abatidos restos de humanidad Insigne faz cautiva en la utopia del discernimiento Desliza sobre si todo el sublime pesar de la lealtad y fe Contemplada aquella siniestra cupula ebria de silencios Corruptos, prodigiosa y ausente beneplacia en el dolor, Yerguen la razon en la venalidad Y en falsos rituales de benevolencia futil