Hilaban sus albas manos el manto férreo, conjuraban con su canto el poder sobre el viento. Alimentaban en su seno el fragor de esos seres, áureos y ligeros como briznas de cielo; divagando por el Leteo...fue esa la raza de los guerreros, fue esa la razón de su deseo, de la fatuidad...del miedo. Liberó a su presa adiestrada le brindó el conociemiento bendijo su sendero, encomendaron al ruego y de ahí surgió la leyenda. Una a una cual saetas arribaron a la tierra. Uno a uno los rayos cayeron de los cielos manó fuego y el llanto humano: los recelos. Una a una las águilas áureas cayeron presa de su propio odio cae su diestro. Exiliada al lúgubre sueño, distanciada de todo misterio presente y ausente en el tiempo perdida y consciente de ello. "Reclamo Señores mi salvación, considerad mi alta y noble posición, no soy, sino la Dama del Viento la que se arropa en cibelina" Entre aguas cristalinas y maestros de cetrería los sueños se desprendieron en pasiones de fantasía. llenos de vacíos de ilusiones marchan en vicios infestos de melnacolía Iniciase el juicio, tomado el veredicto. Desprendeos del frío viento abrazad luego el haz de fuego caed al suelo y clamad indulto a su obcecad dama. Pertinaz remedo de glorias vanas bramad al tiempo su cruel destierro oblatos del temor ajeno oficiad en silencio su dolor. Déspota de mis miserias entrañas descubres que ya nada te apaciguará.