Muero en atisbos como ave de Hermes con alas de idilios y ojos de cruel martirio; tricornios y herejes descendieron en himnos a arrancarme la vida y acogerme en el ensueño del abismo. Solo en un lago mis manos se marchan como hado en delirios de tu boca y tu cuerpo duermo en cruel otoño cuando ruego en silencio de tus brazos que me arrullan con gélido y gálibo viento. ...mi sangre humedece tu cuello y pasionalmente la muerte se convierte en un hórrido miedo...