Bendicen las armas los demonios de la tierra
Bebiendo su sangre, el agua de la vida
En paraísos invisibles del infierno del edén
Fabrican sus mortuorios en el desierto ya sin luz
Bendiciendo las guerras
En la eternidad del corazón
Yacen con vida los muertos de la gloria
Agonía que no siente el sufrimiento de lo insano
Bendiciendo por siempre
El cristal de la maldad
Vivit sub pectore vulnus
Destronando la paz, flamea en el gris
La estrella sagrada, de misericordia
El suelo respira, evocando a la carne
Y reclama a la ultima, su ultima victima
Ha comenzado el gran final
Ascienden las armas al bajar la oscuridad
Descienden los cuerpos hartos de días
Congoja reinante de calamidad
Ab aeterno
De matar y morir respira el señor