Un voto de silencio pactó aquel que rescatado fue de las negras fauces donde doce días penó en su rostro la apatía en su mente el dolor atrapado por siempre en los reinos del terror Profundas son las moradas del trono de la muerte Más allá de los dominios de todo ser viviente A través de amplias salas y estrechos pasadizos deambulan en guardia horribles espectros Extensas son las entrañas de la tierra donde ocultos peligros el mundo encierra cautivados por demonios los caminos siempre están velando por su amo negro al que de la luz guardan Ráfagas virulentas cruzan el trecho Neblinas malditas visten el suelo Bajo riscos lodosos mares turbios fluyen Gestando criaturas remotas innombrables Extraños signos decoran columnas de cinabrio Monóxidos impíos acechan cada oscuro rincón Bajo grietas empedradas Desciende la profundidad Envuelta en ectoplasma Abraza al frio hundido Allí donde ni el eco resuena Y todo fuego se apaga Esfinges ciegas asoman al vacio Donde lo infinito se desfigura Y la muerte engaña a la vida Los pensamientos humanos Se resquebrajan en pedazos Abominaciones profanadas Se despiertan en terrible ira Desplegando sus alas mohosas El basilisco se desvela Y alzando sigilos mellados A las legiones infaustas desata Ensueños blasfemos lo evocan Inframundo el reina Plagas y peste obsequia Devora mundos, es llamado