En las ruinas del palacio, dicen
Se ven extrañas luces correr
Cernidas en la nebulosa noche
Del melancólico invierno
Entre los insepultos huesos
De sus antiguos moradores
El rayo de luna blanquea el haz
Del escudo de su patrón
A la hora del lobo, dicen
Se oye el metálico son
De las armas que allí yacen
Malditas por su negro vestigio
Bajo las enzarzadas almenas
Diabólicos festines celebran
Vasos sagrados son profanados
Sirviendo de copa sangrienta
El cielo cubierto
De furia inminente
Orna la tierra
De rojo vehemente
Fanfarrias de guerra
Anuncian el paso
Del cruzado maldito
La sangre humea en las manos
De sus terribles secuaces
Reencarnado el diablo en metal oxidado
Forjado en las sombras del reino negado
Jamás desnuda las armas
Ni entrega sueño
Las espadas no le hieren
Más se hunden sin matarlo
El fuego enrojece su cota
E impávido entre llamas
Busca nuevas victimas
El desprecia el oro
Y aborrece la hermosura
No hay ambición que le inquiete
Ni lagrima que le conmueva
Correrías nocturnas
Lidera con brío
Sus feroces gemidos
Son por todos temidos
Abortada del odio
Es su impía mesnada
Aroma de resina ardiente
Porta la brisa del crepúsculo
Tromba de chispas rojas
Danzan furiosas en el horizonte
Cabalgando entre nubes de humo
Llegan los jinetes del Segre
Sobre la desatada tempestad
Agitados al soplo de la ira