oportar para aprender a alejarse. Le brindo paz al hacedor de mi caos interno. Miedo al fracaso, perfeccionismo absoluto. El sinsentido no es entropía, pues no estamos para dar ordenes más que las ideas universales. Esa gran compostura desconocemos, ciegamente Pues no sabemos si lo que somos es verdad, integramente No hay peor juicio que uno mismo se construye desde el precipio. Quien desea vejez se condena hacia el limbo. Nadie rememora los celestiales simbolismos. La gente no se da cuenta de tu existencia, hasta que decide prometer en lecho de muerte, lo que más te dolía en vida y en mente. Echada a perder toda una vida de etiquetas propias más de aquellas personas quietas. Prefiero toparme con desconexiones, como fantasmas que nadan en presente. La luna me dice el secreto en la subconciente. Nadie siendo fuerte forja su final, nuestro combate se torna garrafal, como la naturaleza del sufrimiento, al humano inherente es epitafio del escarmiento.