Pongo esta semilla, en esta tierra fértil Y que florezca en el día llegado. Mientras que estrellas y raices se conecten. Y en el futuro yo al tacto de tu calidez. Para pedirles un favor o más que deseo, Porque el único deseo que puede la naturaleza Es que siga creciendo y me avive el ser, Al mismo tiempo que me deje amarte. Eres flor creciente de la montaña, el juramento hacia el amor eterno. Donde las entrañas del Sol evocan, el sendero que nos muta a los nueve caminos del inframundo. Y que en el mínimo sorbo de lluvia te empapes en estremecidas tintas blancas y cristalinas. Y de su sabor tu dulzura única, Que en el campo absorbe mi corazón. Suelta las alas y atrápame allí en el aire. Quiero regocijar del vuelo abrazándote. En tus nubes respiro al tacto caliente. Permíteme ser el que soy en tu reino, Mayahuel. Ahora aniquila mi alma. Ahógame en la tempestad, Arrástrame con tu mal. Cautívame con tu perversidad.