Masticando mis palabras, suavizándolas con silencios. Entre voces quebradas expreso, daños internos por el miedo. ¿Qué es lo bueno de lo malo? Nada que pueda influenciar. ¿Qué es lo malo de lo bueno? Todo que pueda amedrentar. En mis hombros cargo el tiempo y el cerebro sostenido en caos. Me asombra la permanencia, en medio de mi fugaz existencia. El hecho de que camine por ahí, no dice mi forma ni fin. Son proyecciones catárticas de aquel futuro anhelado y desigual. El sistema diseña sufrimiento, no importa tu estatus mental. Carcome hasta las entrañas, ideas que propician el mal. Los soberbios devienen de la popularidad, Los expertos van del sosiego, Los ignorantes devienen de la intolerancia, Los sabios van del transigir. Intenta separarte del confort, cuestiona la distopía social. Deconstruye tus menesteres, aunque la inoportuna tempestad. En memoria de lo que fui ayer, me opongo al acaecido que seré pues las vueltas que da la vida, no me sueltan de la angustia. Fantasmas del pasado me persiguen, mi cuerpo es una almohada, la confusión como luz que descansa, ironía de la paranoia que nadie ve. A través de esa conjetura se tropiezan somatizaciones que enlodazan, Y que de allá fuera, un límite agitado por la intercomunicación abstracta.